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Gÿe: el sonido como forma de libertad

  • 14 ago
  • 10 min de lectura

Hay cosas que no necesitan ser vistas para transformarnos.

Una vibración. Una respiración. Una voz al otro lado de una habitación. El bajo de una canción atravesando el cuerpo antes incluso de que sepamos qué estamos escuchando.



Para Gÿe, el sonido pertenece a ese territorio invisible.

No es únicamente aquello con lo que trabaja. Es la manera en la que parece comprender el mundo.


Por eso, cuando le preguntamos quién es, no comienza definiéndose como DJ, cantante, percusionista, productora o docente, aunque todas esas palabras formen parte de su trayectoria. Gÿe prefiere hablar de sí misma como un “ser sonoro”.


Porque, en su caso, las disciplinas son solo distintas formas de traducir algo más profundo.

“El sonido es lo que dirige mi vida.”


Su historia con la música comenzó mucho antes de Berklee, los escenarios o la producción electrónica. Comenzó en la infancia, aprendiendo que escuchar también podía significar bailar, observar, subir a un árbol y prestar atención a lo que ocurría alrededor. Creció en una casa donde convivían universos musicales aparentemente lejanos y donde elegir qué escuchar formaba parte de una libertad que todavía hoy atraviesa su manera de crear.


Con el tiempo fue encontrando distintos lenguajes para aquello que ya intuía.

La naturaleza en Björk.

El movimiento en el house.

La espiritualidad en Steve Reich.

La experimentación en Ojos de Brujo.

Después llegaron también los momentos que obligan a mirar la música —y a una misma— de otra manera.


Una tendinitis grave.

El estrés.

El burnout.

La necesidad de cuestionar una formación donde, como ella misma explica, el valor personal de un músico puede llegar a confundirse con su capacidad para ejecutar una partitura.

Berklee abrió una puerta. Ballroom abrió otra. La música house, la cultura negra y los espacios queer ampliaron todavía más el paisaje.


Y de todo ello fue surgiendo Gÿe.


Una artista difícil de reducir a una sola categoría porque, precisamente, su trabajo nace del encuentro entre muchas cosas: música electrónica y voz, percusión e improvisación, cuerpo y espiritualidad, formación clásica y pista de baile.


Pero también porque detrás de su música existe una manera muy concreta de entender la libertad.


No como una abstracción.


Como una experiencia que pasa por el cuerpo.


Cuando Gÿe sube a un escenario no pretende decidir qué debe sentir quien la escucha. Dice algo mucho más sencillo: ofrece libertad. La posibilidad de mirar hacia dentro, observar alrededor y sentir lo que tenga que aparecer.


Y cuando habla de la pista de baile, tampoco habla simplemente de fiesta.


Para ella, la pista de baile es el espacio de transformación.


Quizá por eso esta conversación termina yendo mucho más allá de la música.

Gÿe habla de salud mental y educación musical. De ballroom y cultura queer. De creación y supervivencia. De una industria en la que la visibilidad, por sí sola, no garantiza que una artista pueda vivir de su trabajo. Habla de dinero, oportunidades, liderazgo y de la necesidad de construir un tejido cultural que permita a las nuevas generaciones crear en condiciones más justas.



También habla de Mallorca.


De las contradicciones de una isla que recibe a personas de todo el mundo mientras una parte de quienes viven en ella soportan una presión económica cada vez mayor. Y de la posibilidad de que espacios como ELLA sirvan precisamente para encontrarnos dentro de esas contradicciones, acercar posiciones y compartir experiencias.


No todas sus respuestas buscan ser cómodas.

Tampoco parece que esa sea su intención.

Porque quizá escuchar de verdad implique también permitir que algo nos descoloque.

Esta es una conversación sobre música.


Pero también sobre el cuerpo que la escucha, la persona que la crea y el mundo en el que ambas intentan encontrar su lugar.


Una conversación con una artista que ha decidido hacer del sonido no solo su profesión, sino una forma de estar viva.


1. Para quienes todavía no te conocen, ¿quién es Gÿe y por qué te defines como un "ser sonoro” más que como una DJ o una músico?


Gÿe es la persona que siempre he soñado ser, soy yo. Es una respuesta a un cúmulo de experiencias, preguntas y miradas con las que me he encontrado a lo largo de mis 28 años de vida. El ser un ser sonoro también es una respuesta a lo que yo he venido a este mundo a hacer. Ser DJ, músico, cantante, percusionista, productora, docente… Todo eso son formas de traducir una misión. El sonido es lo que dirige mi vida. el sonido es lo que te cura, lo que no puedes ver pero lo que más profundo sientes. El sonido es tu secreto a voces. Es el aire que respiras. El sonido eres tú. Desde el momento en que tu madre gritó para traerte al mundo y su grito se convirtió en el tuyo, agarrándose a la vida.


2. En tus actuaciones combinas música electrónica, voz en directo, improvisación y vocal looping. ¿Qué te gustaría que sintiera el público cuando vive una de tus sesiones?


Pues eso depende… El público tiene que sentir lo que tiene que sentir. No puedo meterme en eso. Lo que tengo claro es que cuando doy un show, te doy libertad. Quiero que la cojas, mires hacia dentro, a tu alrededor y sientas. La libertad es tuya, y se convierte en nuestra. Todo es posible. Fin.


3. La naturaleza, el movimiento, la espiritualidad y la experimentación están muy presentes en tu trabajo. ¿De dónde nace esa forma tan personal de entender la música?


Cuando era peque, mis padres me apuntaron a unas clases de música en las que mi profe Hada me enseñaba a escuchar, bailar, sentir, subir a un árbol y observar el sonido. Mi madre siempre ha tenido una sensibilidad casi sobrenatural, y creo que eso me lo regaló a mí. Mi padre es un melómano excepcional, cosa que mi hermano ha heredado. Por tanto, cualquier música sonaba en casa desde la infancia. Carl Orff, Mike Oldfield, Buika, Pink Floyd, Depeche Mode, Whitney… Todo. Esa libertad de escoger la música que yo quiera es la que me conectó con todos esos elementos. En Björk encontré la naturaleza, en el House el movimiento, en Steve Reich la espiritualidad, y en Ojos de Brujo la experimentación. ¡Ah! y esto no son pedanterías de artista… TODXS LXS NIÑXS deben tener el derecho a esta libertad musical básica. Si no empezamos por ahí, ¿a donde vamos?


4. Has estudiado en Berklee College of Music y has desarrollado una trayectoria muy diversa. Mirando hacia atrás, ¿qué momentos han marcado más tu evolución como artista?


Un momento decisivo fue la salud… Una tendinitis grave, estrés y burnout en mis estudios fue lo que hizo replantear mi relación con la música y con el mundo. Muchas veces los músicos clásicos igualamos nuestra validez personal directamente con nuestra validez como “ejecutores” de partituras. Cuando llegué a Berklee, todo cambió. Cuando descubrí ballroom, todo cambió. Cuando descubrí el House, todo cambió. Pude comprender que mis estudios musicales son un poder, y que las herramientas psicológicas deben incluirse más pronto en los estudios. A pesar de todo lo malo, he tenido mucha suerte en mi camino dentro de la institución clásica, porque todos y cada uno de mis profesores que he tenido (salvo alguna excepción), han abierto un universo de conocimiento que está esperando a ser usado para esparcir la música por el mundo.


5. La cultura ballroom, la música house y los espacios queer han influido en tu camino. ¿Cómo han contribuido estas comunidades a definir quién eres hoy como creadora?


Pues han contribuido a redefinir todas esas concepciones que yo tenía del mundo y de la vida. Leer un libro de bolsillo sobre la historia del jazz a escondidas en los pasillos del instituto donde se me señalaba constantemente fue lo que me hizo espabilar. Para cualquier persona en el mundo, reconocerse como víctimas ante un episodio duro en la vida es un paso fundamental. Pero la música y cultura negra y queer te hace espabilar y aparcar el victimismo, que es algo completamente diferente. Sin las letras de Martha Wash, yo no estaría aquí. Sin Masters at Work, yo no tendría la mala hostia que tengo para enfrentarme ante minusvaloraciones de gente que solo se quiere aprovechar de ti. Si no hubiera escuchado música gospel desde peque, yo no estaría aquí. Sin la música de Kelela, Sarah Vaughan o Tracy Chapman, no sabríamos lo que es el dolor sincero. Todas esas artistas hacen música porque les va la vida en ello. Al igual que otros muchos artistas queer, yo hago música porque es la única forma que tengo de sostener esta existencia.



6. En muchas ocasiones hablas del sonido como una herramienta para conectar con las emociones y con otras personas. ¿Crees que una pista de baile también puede convertirse en un espacio de transformación?


La pista de baile ES el espacio de transformación. Los rituales con música y plantas medicinales de hace 30 mil años eran el espacio de transformación. No veo ninguna diferencia.


7. Como artista queer y mallorquina, ¿qué importancia tiene para ti la visibilidad dentro de la escena musical?


Ninguna. Sé que suena muy cancelable, pero qué tal esto: La importancia está en crear un tejido cultural que haga posible que las artistas queer podamos vivir de la música. No necesitamos visibilidad. Ya somos escandalosamente visibles para algunos. Lo que necesitamos es dinero, oportunidades, posibilidades de liderar y aportar en igualdad de condiciones. Esto es lo que debemos pelear no sólo para las artistas queer, si no para todos los artistas jóvenes de todos los lugares del mundo. El LGBTQ+ Musicians Insight Report es un estudio muy fiable que expone todas las problemáticas en UK con este tema. Curiosamente en España no existe este estudio, así que tenemos faena. Ahora bien, ya sabemos que el poder de cualquier color político no quiere que que saquemos a la gente del Matrix con la cultura. Lo que tenemos que hacer es crear con más valentía y hacer ruido, literalmente. Veo mucho instagramer artista emergente y eso me produce migraña. Lo del contenido es amazing, pero el foco está en la música, que quita la migraña, por cierto.


8. Este año formarás parte de ELLA Festival Mallorca. ¿Qué significa para ti actuar ante una comunidad internacional de mujeres lesbianas, bisexuales, queer y personas no binarias?


Estar en este festival internacional resulta paradójico y a la vez esperanzador. En un lugar como Mallorca, en el que la violencia económica cada vez es más agonizante para la inmensa mayoría de sus habitantes, es paradójico que al mismo tiempo se celebre un festival donde vienen mujeres y personas de género diverso de todo el mundo. Estamos en las mismas posibilidades económicas para reivindicar, disfrutar, promover y compartir? A la vez siento un sentimiento de esperanza al ver que la diversidad se amplía y se estrechan las barreras para poder compartir experiencias. Acercar posiciones dentro de esas posibilidades económicas que he mencionado antes es algo que en un festival como este es posible, aprovechémoslo!


9. Muchas mujeres llegan solas al festival por primera vez. Si una de ellas estuviera frente a tu escenario sintiéndose un poco nerviosa, ¿qué te gustaría decirle?


“Cari, mira a tu alrededor…El festival te espera, baby!”



10. Sabemos que estás trabajando en nuevos proyectos musicales. ¿Qué podemos esperar de esta nueva etapa de Gÿe?


Una pedazo de etapa llena de iconismo. El próximo 5 de Noviembre presentaré en la Sala 0 de Es Gremi 30 minutos de mi disco debut, en un showcase producido por Fira B. 4 cantantes, una sinte girl, un percusionista, visuales en vivo, un equipo creativo lleno de poder y una red de familia y amigas que están haciendo que esto se materialice. Estoy inmensamente agradecida por tener la oportunidad de mostrar un proyecto con el que llevo trabajando 6 años y que va a romper por completo con la línea artística y musical que he mostrado hasta ahora. Se avecina una revolución, baby. De aquí a NYC.



11. Si tuvieras que describir tu música en solo tres palabras, ¿cuáles serían?


Lo Nunca Escuchado.



Hacer ruido


Al terminar la entrevista le pedimos a Gÿe que definiera su música en tres palabras.

Respondió:


“Lo Nunca Escuchado.”


La frase tiene algo de desafío, pero también resume una trayectoria construida precisamente a partir de la curiosidad, la ruptura y la búsqueda.


Porque en la historia de Gÿe nada parece avanzar en línea recta.

Hay una formación musical rigurosa y, después, la necesidad de cuestionar algunas de las ideas aprendidas dentro de ella.

Hay una lesión y un burnout que obligan a replantearse la relación con la música.

Hay Berklee.

Hay ballroom.

Hay house.

Hay cultura negra y queer.

Hay un cuerpo que deja de ser únicamente el instrumento con el que ejecutar música para convertirse también en un lugar desde el que sentirla.


Y atravesándolo todo aparece una misma palabra:

libertad.


Pero no una libertad decorativa.

La libertad de explorar sin pedir permiso a los géneros musicales.La libertad de utilizar todas las herramientas aprendidas sin quedar atrapada en ellas.La libertad de entrar en una pista de baile y permitir que el cuerpo encuentre su propia respuesta.La libertad, también, de cuestionar los discursos que damos por asumidos.

Ahí aparece una de las ideas más interesantes de la conversación.


Cuando le preguntamos por la importancia de la visibilidad para las artistas queer, Gÿe desplaza la pregunta.


Para ella, la visibilidad no es suficiente.

La conversación tiene que avanzar hacia algo mucho más tangible: poder vivir de la música, acceder a oportunidades, liderar, decidir y participar en igualdad de condiciones.

Porque ser visible y tener espacio no siempre son la misma cosa.


Y quizás una de las preguntas que la cultura debe hacerse ahora sea precisamente esa: no solo a quién mostramos sobre nuestros escenarios, sino quién tiene realmente la posibilidad de construir una vida creando desde ellos.



Gÿe tampoco evita las contradicciones cuando habla de ELLA y de Mallorca. Las pone sobre la mesa porque sabe que una comunidad no se construye únicamente celebrando lo que compartimos. También se construye siendo capaces de preguntarnos desde qué lugares llegamos, qué posibilidades tenemos y cómo podemos acercarnos unas a otras.

Quizá pertenecer no signifique pensar lo mismo.

Quizá signifique tener un espacio donde podamos encontrarnos incluso cuando nuestras realidades son diferentes.

Y después está la música.

La pista.


El instante en que todas esas preguntas dejan de ser intelectuales y regresan al cuerpo.

Alguien habrá llegado acompañada. Alguien habrá venido sola. Alguien bailará desde el primer minuto. Alguien necesitará un poco más de tiempo.


Para esa última persona, Gÿe tiene un mensaje:

“Cari, mira a tu alrededor… El festival te espera, baby!”


Y quizá ahí esté condensada otra forma de libertad.

Mirar alrededor.

Escuchar.

Dejar que el cuerpo responda.

Comprender que el sonido —eso que no podemos tocar y, sin embargo, puede atravesarnos por completo— también tiene la capacidad de acercarnos.

Gÿe quiere hacer ruido.

Literalmente.

Y quizá algunas revoluciones comiencen exactamente así.



 
 
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